jueves, 18 de octubre de 2012

My little Phoenix

Delirios de Penny Lane a las 21:21
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My Little Phoenix


“She was robbed of her innocence,
had no more time to play.
She's only a little girl,
but she's stronger than the flames”

REC: My little Phoenix - 
Tarja Turunen


Comenzaba el año lectivo 2006 cuando una Emelyn llena de expectativas para el nuevo año, con la mente plagada de actividades excitantes, preparaba su uniforme escolar un domingo por la tarde. Dicho uniforme estaba conformado por una chomba talla 12 –aunque ella apenas tenía 10-  color turquesa con el logo del instituto Nuestra Señora Iluminada bordado sobre el corazón, pollera azul marino tableada, medias azul marino, zapatos que su madre había regateado en el mercado negro de la capital Misionera la semana pasada en compañía del insustituible aguinaldo (1). Debido a la estricta normativa del colegio, debían ser negros y Emelyn se había encargado  personalmente de que su reflejo sea prácticamente tangible en la superficie azabache del calzado.
Odiaba la pollera con toda el alma, debido a que nunca en los cinco años que había pasado en el Instituto, había podido ubicarla de forma correcta en su cuerpo. O estaba debajo de la panza –parte anatómica que en cualquiera de sus compañeras era plana, para ella consistía en un gran rollo de cuero blanco y terso relleno de comidas secretas a medianoche- haciendo que ésta saltase como un gran cartel de “HEY MIREN AQUÍ, ME LA PASE COMIENDO DURANTE TODAS LAS VACACIONES EN LA CASA DE MI ABUELA” al que no daría mayor crédito si no fuera por la insistencia en adelgazar que ejercía su madre, constantemente; o por el contrario el elástico subía tanto que le llegaba a la cintura, haciendo que la recatada falda subiera demasiado para el gusto de la monja que regentaba el establecimiento.
Mientras colgaba el azulado uniforme en una percha sobre la cama contigua a la suya, no podía detener el ritmo de su mente. Mañana sería lunes y vería a Allie nuevamente, después de tres largos, agonizantes meses de vacaciones. Las cosas habían terminado tremendamente mal el año pasado entre las amigas.
Por un lado, había momentos en que existían ellas dos y nadie más. Dos princesas que lucharían contra todo y contra todos, eran invencibles, eran inseparables, eran unidas, estaban hechas a medida por un reconocido sastre italiano; habían sido perfectamente diseñadas para encajar la una con la otra. Desafortunadamente, donde hay fuego, hay hielo. Existían momentos en que el mundo se tornaba gris, las horas pesadas y la gente a su alrededor, insoportable.
Los problemas de la chica risueña tenían un único nombre y apellido: Fiorella Castillo. Era el sinónimo de odio para Emelyn, y asimismo el segundo término luego del signo igual en la ecuación ‘felicidad’ de Allie. Una tercera persona a la que Emelyn no le encontraba cabida en su vida social, y tampoco estaba contenta de que su mejor amiga si lo hiciera, con demasiado gusto diría ella. Por eso la odiaba, por eso la envidiaba, por eso le guardaba un rencor desconocido en ella hasta que las palabra ‘Fiorella Castillo’ se pronunciaba.
Fiorella Castillo encarnaba todo lo que físicamente Emelyn deseaba, ya que su lado intelectual era raquítico, por no decir anoréxico. Piernas largas, abdomen delgado, rulos… no es que le importasen demasiado las agraciadas facciones de la interpelada, ya que era la gordura extra o faltante lo que más le preocupaba a Emelyn en la vida (después de Allie, claro), y Fiorella carecía de tejido adiposo por completo. Tenía la risa fácil, era volátil, divertida y sobre todo, falsa. Disfrutaba con el dolor ajeno, así como también lo hacía Jennifer, otra alumna del Instituto católico al que asistía Emelyn.
No solo envidiaba a Fiorella por su físico, la envidiaba por darle a Allie todo o que ella no podía debido a su flemática personalidad. Veía pasar con angustia las horas en que la razón de su existencia y el fruto de todos los malos pensamientos se enzarzaban en juegos como el elástico –al que ella nunca pudo o quiso jugar porque requería habilidades saltarinas que el rechoncho cuerpo no le facilitaba-, saltar la cuerda o jugar a los ladrones y policías.
Fue así desde primer grado, cuando Allie tenía tan solo cinco años, Emelyn seis. La historia de mi vida, solía pensar Emelyn con rencor. Con lágrimas agrias en los ojos mientras recordaba como Fiorella no dudaría en cambiar a Allie por alguna otra zorra con la que pudiera pasar el tiempo. Y la boba de Allie seguía corriendo detrás de su peor enemiga, ¿Acaso no se daba cuenta de que la usaba como a un trapo? ¿Por qué no la escuchaba cuando se lo repetía con calidez y elocuencia?
Este eterno y anticuado antagonismo fue la causa de una pelea a fines de 2005 entre Emelyn y Allie que dejó a la primera destrozada, llorando por días debajo del acolchado de algodón rosa chicle confeccionado por su madre tantos años atrás. Finalmente logró reponerse al mal de corazón, para recubrirse con la herencia española legada por su abuela materna –un orgullo tenaz e implacable que caracterizaba a los Lorenzo-, dando por resultado un vacío entre ella y Allie durante todas las vacaciones de verano, que constaba de nada más ni nada menos que tres meses de calor extenuante. Se encontraba herida, carcomida por los celos y la envidia, lastimada profundamente cuando la única persona que quería con el alma la rechazó. Nada más ni nada menos que  para ayudar a estudiar a Fiorella para rendir exámenes en diciembre, junto a las chicharritas cantoras.
Como lo he mencionado anteriormente, la capacidad intelectual de Fiorella no era para nada un pilar agradable o envidiable de su persona, ya que ésta reprobaba materias y la otra tonta -que tenía materia gris en vez de pasta dental en los sesos- se dedicaba a enseñarle con un mapa físico de la República Argentina la ubicación de las distintas tribus indígenas.
Quería gritarle que no era justo. Que la quería junto a ella, para pasar un verano espectacular junto a Gretchen y Alexa. Quería abrazarla también, pero Allie no era dada a las demostraciones cariñosas por lo que toda la vida se abstuvo. Quería gritarle que la estúpida de Fiorella era una hueca que no la merecía, que la cambiaría ni bien surgiera alguien nuevo a quien joderle las bolas. Quería decirle cuanto le dolía lo que decía Fiorella de ella, cuanto le dolían las burlas y los “gorda puta” susurrados a media voz entre sus compañeros y de los que Allie parecía totalmente ajena. Quería gritarle que haga lo que tantas veces soñó, lo que tantas veces practicó: mandarle a la reverenda mierda a Fiorella. Quería pedirle que no se aleje jamás de su lado. Quería, necesitaba que estuviese a su lado, ¿Quién más lo haría, sino? Con su madre ocupada a tiempo completo con un relevamiento ecológico y proyectos ambientalistas, con su padre trabajando entre japoneses en el mismo proyecto, con un hermano menor con el cual le era imposible hablar más de dos palabras sin perder la voz monocorde o la efímera paciencia. ¿Quién quedaba a su lado? ¿Nafga? No lo creía…. Su verdadera amiga, su verdadera y única mejor amiga desde el comienzo de los tiempos, era Allie.
Quería tanto lo que no podía tener, que se dejó cegar por el orgullo. Completamente aislada por el pesar de la traición cuando Allie anunció con exagerado entusiasmo sus ganas de cambiarse de colegio el año siguiente. Aparentemente era algo inocente, a que en dicha escuela cursaba su hermana menor, Makkena, pero Emelyn lo tomó a pecho, como un injurio, el más grave de los pecados, venganza por ser una persona tan desastrosa.
Me abandona, pensó Emelyn reteniendo las lágrimas mientras se las ingeniaba para conferirle a su voz un tono rudo, que odiaba entregar a Allie.
-Hacé lo que quieras, pero sos una boluda por irte de la parroquial.
Allie, criatura que no recibía con agrado las malas opiniones acerca de sus decisiones fingió indiferencia de una forma curiosa: poniéndose  a la defensiva, jugando el papel de “Solo te lo estaba diciendo, no me vas a hacer cambiar de opinión” típico de una persona que sopesa muchísimo sus opciones y luego de tomar un camino, detesta que el resto le eche en cara los contras.
Aunque claro que con diez primaveras encima, ninguna de las dos tenía ni la más remota idea de esto.
Abatida en un comienzo por la noticia, rápidamente Emelyn recordó la cantidad de veces que su amiga solía cambiar de opinión acerca de las cosas. Antes de que se le cayera la moral por el piso y su confianza en sí misma se hiciera añicos, llegó a la conclusión de que Allie jamás la abandonaría. No se atrevería.
-Vos no te vas a cambiar a la 642, Allie.
-Si, me voy a cambiar. –contestó la castaña, con aires de aristócrata inglesa que se la sabe todas, retando a Emelyn a contestar algo más y comenzar una discusión.
-Te conozco, sé que no los vas a hacer.- Pensó Emmelyn, totalmente convencida. Su conocimiento de la psiquis alliana, como llamaba a la personalidad chispeante e innovadora de Allie, era tan grande que sin siquiera procesarlo podría nombrar sus cualidades, sueños y miedos. Solía tener ideas desbaratadoras e izquierdistas (tanto como lo puede ser una niña de nueve años) que daban saltos equívocos entre la inocencia y la indiscreción.
Soñadora innata, a menudo no percibía la aspereza de Emmelyn, su postura encorvada, sus ojos hinchados de llorar por las noches y su extremo cuidado en el uso de las palabras: jamás revelaba algo demasiado personal. Y si la percibía… digamos que no hizo muchos esfuerzos por atravesar el muro de concreto que su amiga había construido durante años alrededor de sus secretos. Solía bromear sobre el odio irracional que Emmelyn tenía por las actividades deportivas, su reticencia a practicar educación física, sus extraños hábitos y gustos: siempre tan alejados de las modas y tendencias impuestas por la televisión. No miraba Floricienta, no le gustaba el pop, Hannah Montana le parecía una hueca, los Powerrangers inmaduros, Scooby-Doo demasiado predecible. No fueron jamás diferencias irreconciliables, pero sí crearon una zona de acción tensa entre las dos. Allie presionaba, quería saber. Emmelyn no confiaba…
Tres meses habían pasado, no desde la discusión sino desde que las clases dieron por finalizadas. Fueron una tortura sin Allie, pero eso sólo lo admitía muy tarde en la madrugada mientras el sueño la vencía, transportándola a un portal desconocido, plagado de Allies burlonas, cariñosas, altivas, suplicantes… Cuando se levantaba por la mañana, hacía todo lo posible por ignorar los recuerdos. Lo mejor era dejar que pasara un poco de tiempo, se decía. Fiorella ya tendría otra persona con quien jugar el año que viene, Allie volvería a pertenecerle solo a ella, del mismo modo que lo haría cada segundo de su tiempo, y las aguas volverían a su cauce natural. Del que nunca debería haber salido, añadía mentalmente, pero para ello ya no había remedio.
Noventa días resultó ser tiempo suficiente para meditar sus acciones, las de Allie y las de Fiorella. Llegó a la conclusión que la culpable de todo era Fiorella por ser tan falsa y solo usar a su mejor amiga como una distracción temporal en lugar de valorarla como a un verdadero ser humano. Por otro lado, la culpa también era propia, por enojarse sin razón, por ser tan egoísta como para pretender que los 365 días del año Allie estuviese dispuesta a solucionar sus problemas y acompañarla. Se culpó por ser tan ciega y dejar que los celos la enemistaran con Allie. Se culpó por haber perdido tres meses sin deberes, sin escuela y sin Fiorella, que podían haberlos disfrutado a pleno bajo los cálidos rayos que emanaba Apolo.
Seguía lamentándose por los desplantes que le había hecho a su amiga, pero en vista de que no se cambiaría de escuela, todavía podía verla este año para disculparse y volver a los viejos hábitos. Inseparables como uña mugre.
Con la boca rebosante de excusas, disculpas, exaltada por la idea de volverla a ver, Emelyn bajó del auto de su madre a las 06.50 a.m del martes, tan puntual –rayando lo enfermizamente temprano- como siempre. Entró a la escuela con la mirada baja, como era su costumbre, y se dirigió hacia el curso que desde el año pasado sabía que le sería asignado en 5to. Se había saltado el lunes, primer día de clases, porque no quería presenciar toda la ceremonia que se sabía de memoria. Además, ni su madre ni su padre habían estado alguna vez en alguno de esos actos, mezclados entre la masa de padres orgullosos, para alentarla o tomarle fotografías junto a las maestras. ¿Para qué presentarse, sonreír, y posar junto a sus compañeros y maestras si ni mamá ni papá podrían verlo? Hacía demasiado tiempo habían sido enterrados, a tres metros bajo tierra, las ganas de actuar como un ser humano normal. Había que aceptarlo: no lo era.
A un horario escolarmente humano, encontró en la escalera a varias compañeras, Belén, Agustina y Antonella, quienes comentaban algo sobre empresas de colectivo lujosas en las que viajaban a Buenos Aires u otras ciudades de alcurnia. Al cabo de unos minutos, se atrevió a preguntar como quien no quiere la cosa, quienes había pasado de año, quienes estaban, quienes se habían cambiado del turno tarde a la mañana, quienes se cambiaron de colegio, quienes repitieron, que maestra les tocaba, etc.
Algo de lo que nunca se olvidaría, en su vida, sería de ese momento. Cuando la pregunta capciosa más esperada de su vida dejó sus labios. Jamás estuvo preparada para la respuesta que recibió, Emelyn nunca había estado preparada para las indiferentes palabras que salieron deliberadamente de la boca de Belén.
-Emiliano se cambió al Crecer, ¿te acordás de él? El que se hizo encima y dijo que era jugo, jajaja.
-Y Allie también. Se cambió, pero no sé a qué escuela.
Y en ese mismo instante, el mundo se derrumbó sobre sus hombros. Fingió interés es el resto de los comentarios que le hicieron sus compañeras, pero nada se registraba realmente en su mente además de la frase Allie se fue. Allie se fue. Me dejó, como dijo que lo haría. Soy una boluda. Se fue. Se fue, Se fue.
No tiene sentido relatar el resto del desastroso año lectivo 2006. Totalmente perdida en un aula de 30 alumnos, Emelyn no conseguía adaptarse a ningún grupo con éxito. No solía mirar Floricienta y Allie siempre se lo había reclamado. Ahora la telenovela de moda era Patito Feo, así que por lo visto debía comenzar a mirarla con regularidad para captar el tema de conversación de las divinas y de las populares. Las fiestas comenzaron a llegar, y ella asistía a todas. Se convirtió en una persona fría, indiferente, superficial. Todo lo que pensaba era en que ropa se pondría en el próximo evento, como hacer para que la gordura se le note menos, criticar el acné de fulanita, las cejas mal depiladas de menganita…. Y así, tres años se sucedieron en continua superficialidad.
Totalmente ciega, Emelyn no sabía hacia donde correr. La máscara que se encargaba de tatuar en su cara se desmoronaba al momento de pisar su habitación en penumbras. Se pasaba las noches en vela, llorando por la amiga perdida. Nada tenía sentido ya, las hormonas la tenían perdida, cambios y pérdidas entremezclándose en su vida sin encontrar a nadie que la entendiera, y tampoco buscando ayuda realmente. Ansiaba ver a Allie de nuevo con todo su ser, pero al mismo tiempo la odiaba por haberla arrojado a los lobos.
Comenzaba a ver como el mundo la veía: la gorda sabelotodo chupamedia de las maestras. La verdad era una muy lejana, sin embargo se sorprendió a sí misma creando muros más altos en torno a su personalidad que había sido quemada y reducida a cenizas etéreas con el desgarro del abandono. Como una huérfana en harapos frente a la aristocracia rusa, vistió, habló, se peinó y pensó como se suponía que debía hacerlo. Toda la inocencia, los sueños, las esperanzas que albergaba su alma comenzaron un lento proceso de letargo mortal en el segundo día de clases del año 2006. Como el ave fénix que renace de sus cenizas, Emmelyn se reinventó a sí misma por ósmosis hipócrita y surgió como una tibia chispa, posterior fuego abrasador. Ya no había nadie con quien jugar a la reina sobre una alfombra de goma con las letras del abecedario. Es más: ya no había tiempo para jugar. No tenía más que diez años, solo una pequeña niña, pero la crueldad e hipocresía de su entorno escolar, las heridas del divorcio paternal, el abandono… la redujeron a nada y todo. Le dieron fuerzas, le dieron gotas de sabiduría. Maduro y se fortaleció. Ahora…






                               She’s stronger than the flames

Un poco más sobre Blue October

Delirios de Penny Lane a las 21:00
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Long time, no see, I know that. Hace casi dos meses que no publico nada y la verdad no tengo muchas excusas. Estuve trabajando como voluntaria, subtitulando videos, poniéndome al día con libros pendientes... pero nada lo justifica en realidad. Así que sin mucho preludio, me gustaría seguir babeando cibernéticamente por Blue October xD


Cuando finalmente llegué a la conclusión de que one day or another I would get tired of Blue October, resulta que encuentro una serie de videos donde Justin Ferstenfeld, el vocalista principal y mi amor platónico  frontman de la banda, explica algunas canciones y les da un sentido inesperado a todo el álbum "History for Sale"
Tenía pensado poner ese video a continuación,pero como hay uno por cada canción del album "History for Sale", los iré subiendo a medida que los vaya subtitulando. Espero que cuando lo haga, puedan coinciden conmigo: es imposible cansarse de Blue October. Los matices que tienen todas las canciones, la profundidad que conllevan, el sentimiento con el que las interpreta, la forma en que explica cosas que solo alguien que estuvo en su lugar podría entender... It's amazing. Si alguna vez creí que podía tirar la toalla con la banda, o prescindir de la voz de este ángel y el violín de Ryan Delahoussaye, estaba equivocada.

El el auge de todo esto, trastabillando por la net encontré una canción titulada
"The Scar"
 lo que en sí ya constituye un nombre atractivo y prometedor. Resulta que pertenece a un álbum solista de Justin llamado 9551,un proyecto que no salió a la luz propiamente pero los singles se añadieron a otros discos o están dando vueltas por ahí en versión acústica. Ese es el caso de The Scar, que les prometo, me puso la piel de gallina, me emocionó desde las primeras notas de guitarra e inmediatamente se transformó en mis favoritas cuando leí la letra.Tal vez sea demasiado fanática, tal vez a otros les parezca una auténtica bazofia, tal vez no sea para tirar cohetes; ni la banda ni la canción. Me importa tres rábanos podridos, a mi me fascina.
En fin, aquí va una dedicatoria de Justin a su madre:


"This song is called The Scar.  And this song took so damn long that my mother keeps begging me to play it.  So this is for you, Mother.  Keep in mind that I haven't played this in a long time...this song goes out to all the people who knew me back then." *

-Justin at Zelda's 03-14-98

This song is one of Justin's mom's favorites.



video



I'd like to sneak around your house

When everyone's asleep
Tiptoe across the door-room mat
That used to welcome me
Then gently shut the door
To see a brand-new Christmas tree
And the silence pounds like a kettle drum
And a chill runs through me


Chorus:
But does she ever miss me?
I still hear her singing
Just like an orchestra, just like a painting
With velvet brushes and wooden framing
A familiar Monet that's worth renaming
The scar


I choked up the dirt, completely hurt
I ran straight through them all
Then pushed aside what's left of pride
And trembled through the hall
And there stands a door you'd seen before
When all you knew you was down
And your perfume breath brought peaceful death
On sleepy silver gowns


Chorus;
But does she ever miss me?
I still hear her singing
Just like an orchestra, just like a painting
With velvet brushes and wooden framing
A familiar Monet that's worth renaming
The scar


Yeah, to wake is such a dreaded thing
To sleep is such a hole
I eat without your company
I drink till I unfold
And now hear the end of everything
Just thrown onto the ground
But October fell and broke my shell
And all I knew was down


May-ya-da
May-ya-da
May-ya-da, oo
Ya da die, may ya die
May ya die, oo
Ya da da, oh-oh
Ya da da, ya da die, oh



*La dedicatoria de Justin se puede traducir así:
"Esta canción se llama La cicatriz. Y me tomó tanto tiempo escribirla que mi madre no deja de rogarme para que la toque. Así que esto es para tí. Recuerda que no la he tocado en un largo tiempo... esta canción es para todas las personas que me conocieron en esa época."

Bueno, por si no entienden mucho, Justin Furstenfeld tiene un pasado bastante negro. Cuando estaba en la secundaria y vivía en Texas, tenía una novia que lo dejó por su mejor amigo. La ruptura le pegó tanto que tuvo una serie de episodios maníaco-psicóticos y tuvo que ser internado en un psiquiátrico. Cuando salió, comenzó a abusar de las drogas... y pasó muchísimo tiempo fuera de casa. Mi humilde interpretación es que la canción es que uno de esos días en su habitación en la clínica comienza a pensar en como sería volver a casa. Estar de nuevo con su madre, escucharla cantar... Está deprimido y echa de menos hasta las cosas más insignificantes que tenía en su hogar.

¿Que piensan? ¿Demasiado melancólico? ¿Les gustó?
Dejen un comentario y cuéntenme si escucharon otras canciones de Blue October, si les gustó alguna, que piensan de The Scar :D

#Delirios out

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